Hace tiempo que no escribo por aquí, mis disculpas a los posibles lectores ansiosos de contenido ( 😀 ) pero el curso de desarrollo web es cada vez más complicado.

Hoy me apetece dejar mi humilde opinión sobre la moda de los virales, a raíz del caso del Pelo Pantene y del de Freddy, el dueño de La Coru(ña). Todo empezó con el famoso Amo a Laura, con el que la MTV se promocionó hace unos años. Era el sueño de cualquier marca: hablaban de ellos hasta en los telediarios y con un coste muy bajo (ya que no tenían que pagar inserciones, los propios usuarios extendían el virus voluntariamente). El problema fue que desde entonces todo el mundo llega a las agencias (como comentan en Yorokobu) pidiendo otro Amo a Laura y eso ni es fácil ni está exento de riesgos.

A veces parece que los virales se creen a lo loco, sin pensar en la posible reacción del público. El anunciante quiere que al público le haga gracia el viral que se les ocurre, y se ciega ante la posibilidad de que les parezca ofensivo, fuera de tono, etc.

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